Septiembre 2026 – Imagen Nefrología

Cristaluria por mesalazina

Varón de 41 años con antecedentes de colitis ulcerosa en tratamiento con mesalazina oral (4 g/día) y función renal conservada (filtrado glomerular estimado >90 mL/min/1,73 m²), que acudió a Urgencias por presentar disuria y tenesmo vesical de dos horas de evolución, asociados a dolor en fosa renal derecha. No refería fiebre, náuseas ni vómitos. En la tira reactiva de orina se objetivó hematuria intensa (250 hematíes/µL), proteinuria (1 000 mg/dL) y una elevada densidad urinaria (1,031), hallazgos compatibles con un proceso urológico agudo.

El estudio microscópico del sedimento urinario reveló una abundante cristaluria constituida por cristales de morfología inusual, sugestivos de origen farmacológico. La presencia de una cristaluria tan marcada en un paciente tratado con dosis elevadas de mesalazina hizo sospechar una posible precipitación del propio fármaco en la orina. Por este motivo, la muestra fue remitida a un laboratorio especializado en litiasis urinaria para su caracterización mediante microscopía electrónica de barrido con microanálisis por energía dispersiva de rayos X (SEM-EDX) y espectroscopia infrarroja por transformada de Fourier (FTIR). Ambas técnicas confirmaron que los cristales presentes en el sedimento urinario correspondían a mesalazina.

La formación de cristaluria y litiasis por mesalazina es una complicación infrecuente pero probablemente infradiagnosticada. La mesalazina posee una baja solubilidad urinaria y su precipitación depende fundamentalmente de la concentración urinaria del fármaco, del volumen de diuresis y del pH urinario. Diversas series clínicas han descrito episodios de cristaluria, cólico renoureteral y cálculos compuestos íntegramente por mesalazina, especialmente en pacientes tratados con dosis de 4 g/día, como ocurría en este caso. La elevada densidad urinaria observada en nuestro paciente sugiere además una situación de concentración urinaria que pudo favorecer la sobresaturación y posterior cristalización del fármaco.

Este caso pone de manifiesto el papel fundamental del laboratorio en el diagnóstico de las cristalurias medicamentosas. La observación cuidadosa del sedimento urinario permitió orientar la etiología del cuadro clínico y establecer el diagnóstico antes de la aparición de complicaciones mayores, como la formación de cálculos o la obstrucción urinaria. En estos pacientes es recomendable aumentar la ingesta hídrica, monitorizar el pH urinario evitando la persistencia de valores ácidos y valorar junto con el especialista responsable la reducción o modificación del tratamiento cuando sea clínicamente posible. Asimismo, el seguimiento periódico mediante sedimento urinario puede resultar de gran utilidad para detectar precozmente la recurrencia de la cristaluria y prevenir la progresión a nefrolitiasis.

Dr. Óscar David Pons Belda, Hospital Can Misses de Ibiza, Islas Baleares.

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